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Tercera Posición

I

A la hora de enfrentarnos a los conceptos usados en política cobra especial importancia la diferencia entre el concepto en sí –lo que debería representar- y la percepción que de él se pueda tener, influida esta por las circunstancias determinadas en que se encuentre. Uno puede hablar de volver al modelo económico de la República Social Italiana, pero si el otro piensa que en ese periodo histórico lo único que se hizo bajo esa advocación -¿fascismo!- fue oprimir al pueblo sin causa alguna ni objetivo político que se precie, de poco servirá. Solo en la medida en que conozcan la política real de dicho régimen se estará hablando al mismo nivel y, en consecuencia, entendernos.

Podríamos decir que esto obedece, como tantos sinsentidos de hoy, a la idiotez congénita de las masas, y que solo hay que esperar a que los que se acercan a algo se informen de en qué consiste realmente eso. Pero sabemos que no es así, que nadie nace sabiendo y que el contexto social influye en las ideas que se tienen de las cosas. Sino, ¿a qué responde que haya «nacional-revolucionarios» antisocialistas, «nacional-socialistas» franquistas y «fascistas» de Piñar y su Fuerza Nueva?

Puede que alguna de estas no sea nuestra guerra, pero se necesita aclarar de qué se habla cuando se utiliza una etiqueta política. No ya para que los demás entiendan lo que se está diciendo, y en qué términos se utilizan los conceptos, sino también como una forma de coherencia doctrinal y corporativa, que impida que se cuelen elementos exógenos que siempre, siempre, terminan desviando las cosas.

La importancia que tiene la percepción ajena de los conceptos propios es trascendental, como he dicho antes, porque puede suponer una barrera en la comunicación política, inutilizando así todo el mensaje y el esfuerzo que conlleva propagarlo. Una vez neutralizado el mensaje, lo que ocurre es lo de siempre: se quedan los convencidos y llegan al grupo los que se sienten atraídos por la falsa imagen que se proyecta, aquella con la que se ha neutralizado el mensaje, desviando así el proyecto y dando la razón a los que no entraron.

Un ejemplo gráfico: un grupo se dice orwelliano, signifique esto lo que signifique. La gente identifica orwelliano con violencia. Los orwellianos no hacen nada por negar esa imagen. Los violentos entran en el grupo, alimentan esa relación orwelliano-violento, y terminan demostrando que, efectivamente, un orwelliano es un violento apaleador, un gilipollas con capirote y un quema viejas iracundo.

En primer lugar, hay que explicar si se está haciendo referencia con los nombres y los conceptos usados a un modelo político anterior. De ser así, habría que proclamarse o no herederos de ese determinado Régimen, aun ejerciendo cierta crítica –que no es otro cosa que perfeccionamiento- necesaria por el devenir histórico. Vemos un perfecto ejemplo, de 1980, en CEDADE

«Aceptamos de todo honor ser sucesores de los hombres y la Revolución del Siglo XX. Si bien la ideología actual de la organización se basa en la creada por sus forjadores, hoy se haya mucho más perfeccionada y evolucionada».

Cosa que también se hizo desde un ámbito español con muchas posibilidades de evolución, el de las Falanges varias que pueblan las íberas tierras. Desgraciadamente, la mayoría han preferido mantenerse con la parafernalia y doctrina primigenias. Por supuesto, siempre hay honrosas excepciones. De ellas, escojo la de FE-JONS Auténtica, que en 1977 y por boca de  José Briz Méndez –que dirigió Joven Europa en Madrid- se enfrenta a…

«…los que consideran inamovible todo cuanto fue escrito por el Fundador, sin discernir lo fundamental de lo coyuntural, la sustancia del accidente. Son [estos] los que convierten a José Antonio en algo sacralizado e inmóvil, momificándolo y traicionando a quien consideró al hombre como un “clásico” en sí mismo. Nada más lejano de la verdadera Falange que este tipo de inmovilismo dogmático, regresivo, nostálgico y reaccionario. […] Por ello, nosotros oponemos la Falange creadora, la que sigue la norma joseantoniana para partiendo de lo fundamental proyectarse hacia el futuro, a aquella otra detenida y arriscada en el pasado, definitivamente truncada con la muerte de José Antonio».

Pero avancemos: debe establecerse el referente histórico para el uso de la conceptología del grupo, aún no adscribiéndose este en alabanza a ningún Régimen o grupo determinado. Es este un camino más complicado pero que, bien hecho, trae beneficios mayores, porque se está creando de cero, sin dejarse influenciar por las predeterminaciones existentes.

Así, según Alternativa Europea en su Programa Político de 1997,

«Lejos de toda orfandad teórica, los nacional-revolucionarios de finales del siglo XX nos inspiramos en el pensamiento de teóricos como Ernst Jünger, Carl Schmitt, Martin Heidegger, etc., y en el ejemplo de dirigentes políticos de la talla de Ramiro Ledesma, Ángel Pestaña, Ernst Niekisch, Otto Strasser, Georges Valois, Karl-Otto Paetel, Nicola Bombacci, Juan Domingo Perón, Manuel Hedilla, Jean Thiriart, etc.»

Por supuesto que tienen como referencia a grupos de toda Europa como el Frente Sindicalista Revolucionario, Ordre Nouveau, Avanguardia Nazionale, Solidaristische Volksbewegung, Tercera Vía Solidarista, Troisième Voie y Terza Posizione, pero -parafraseando a Proust- entre ellos quizá hay más consaguinidad de espíritu revolucionario que identidad de pensamiento, a pesar del hermanamiento con algunas de ellas mediante el Frente Europeo de Liberación.

Se entiende entonces que, cuando hablan de la persona, de los trabajadores, de la Nación, de la Revolución o de Europa, lo hacen tal y como hablaban los arriba mencionados. Más adelante se pueden redefinir los conceptos según el matiz que se le dé por su peculiar óptica doctrinal, pero por agilidad política es necesario establecer un marco terminológico inicial, que se consigue determinando a los inspiradores del movimiento.

Si pretendemos hacer una clasificación más o menos exacta de los grupos de la Tercera Posición en España, que sin duda podrá ser discutida por todos, pues cada cual lo verá de una forma, deberíamos atender a su práctica política:

Tercerismo Nacional Revolucionario (que podríamos definir como extrapolado, puesto que se aplican conclusiones obtenidas en un campo a otro): es aquel que surge a raíz de la creación de grupos como copia o extensión de otros, tanto europeos como españoles. Las Falanges alternativas (básicamente, las que surgen en torno a Perales y Maestu –por inspiración hedillista-, y un sector de la refundada FE-JONS de los años noventa), junto con las réplicas de grupos europeos, como Joven Europa y la Organización Lucha del Pueblo. El caso de la Falange tercerista puede ser un tanto contradictorio: los nostálgicos pueden permanecer años y años sin hacer nada, viviendo de las rentas del pasado. Los que innovan, en cambio, o vencen o desaparecen. Lo que no es tradición es plagio, y no cabe mantenerse en posturas no renovadas sin caer en la rutina, la desidia y, al fin, la inactividad o la mera acción por la acción.

Tercerismo Nacional Bolchevique: los que toman la deriva izquierdista. Entre ellos podemos ver al Che con una céltica. Los solidaristas, hablaré más delante de ello, y la Asociación Sin Tregua – que nació de la primera DisidenciaS, escindidos comunistas y el «entorno Milá»; aunque terminó encabezada y descabezada por Colomar- son algunos de los ejemplos. Han sido, por otra parte, los únicos que han conseguido hacer un movimiento aglutinando a provenientes de derechas e izquierdas.

Tercerismo cultural: su desarrollo intelectual, muy centrado en la metapolítica, es la mayor baza que juegan. Como ejemplos, el Proyecto Cultural Aurora y revistas como Hespérides, así como los intentos de algunos sectores antipolíticos de CEDADE de transformar ésta en una comunidad militante nacional-revolucionaria (importante colección La Cultura de la otra Europa). En cierto modo, también podrían ser incluidas aquí tanto Resistencia como El Corazón del Bosque.

No me referiré a un pretendido «tercerismo autónomo» de grupos como BBAA o JNR, cuyo único éxito radica en haber conseguido identificar «NacionalRevolucionario» con la cirrosis, la peste negra, la marginalidad o el martillo mata rojos.

En cuanto a los conceptos, los NR hablan de nación, de revolución, de comunidad. Los NB, de izquierda nacional y de socialismo. Y los últimos deben innovar, crear de cero, para lo que van surgiendo términos nuevos o adaptación de otros. Como es lógico, la clasificación no es estanca, y ha habido usos comunes, términos compartidos, como identidad, etc.

Queda entonces claro que la organización tiene en sus manos establecer los parámetros según los cuales se pueden interpretar sus postulados. Los hay que lo hacen por identificarse con un Régimen, otros con un grupo y otros que pretenden innovar. La percepción de los demás, la forma en que recibirán la información que se intenta trasmitir, que en manos ya de la práctica política que se ejerza.

Los temas que centran la acción de estos grupos también los dividen. Los NR buscan el patriotismo revolucionario –y por ello están más sujetos a la derechización-, los NB el socialismo y los culturalistas, el resurgimiento. Por otra parte, y esto los define, los «autónomos» siempre se han centrado en la lucha antisistema y en la destrucción de «lo oficial».

Traigo a colación de esa proclividad de lo NR a la derechización un fragmento de La necesidad de una ruptura, del Partido Comunitario Nacional Europeo, bajo el apartado «Ambigüedad terminológica»:

«Es evidente que al contacto prolongado con los sectores de derecha y de extrema-derecha, los Nacionalistas-revolucionarios han estado inducidos a adoptar muchos tics, muchos anatemas, mucho de la fraseología y del ritual característico de esta familia política (no es menos evidente que a la inversa ha sido igualmente realizado aumentando aún más la confusión).

»Esto tendrá como resultado en política internacional el definir a la URSS como el enemigo principal (y entonces a los USA como un aliado objetivo) y a sustentar, por reacción de rechazo, todos los manejos del imperialismo americano-sionista (Vietnam, Palestina, América Latina) en nombre del anti-comunismo. En política interior, lo mismo; el enemigo es la izquierda y, por combatirla, la derecha se vuelve un aliado potencial. Durante demasiados años los nacionalistas-revolucionarios europeos se han dejado atrapar en esta falta dialéctica. Es engañarse el no ver la unidad fundamental de todos los partidos del régimen, desde la izquierda a la derecha. De hecho, la derecha sostiene constantemente en política juicios subjetivos de orden moral, pensando la política en términos de valor. Los Nacionalistas-revolucionarios Europeos se sitúan realmente en el seno de la escuela de pensamiento neo-maquiaveliana y piensan la política sobre una base realista y objetiva, liberada de todo moralismo. Solo cuenta el interés del partido revolucionario, consciente de la Nación Europea. Es hacer la “realpolitik”.

»Estos hábitos adquiridos en la derecha han inutilizado las primeras tentativas con vistas a salir del gueto en el cual los nacionalistas-revolucionarios, ellos mismos, a sabiendas, se estaban encerrando. En este contexto, el slogan “ni derechas, ni izquierdas” no podía tener ninguna credibilidad. Ha llegado el momento de atacar de frente a este problema fundamental acentuando, no importa a que precio, todas las divisiones».

Y otro fragmento del mismo documento:

«Después del gigantesco trabajo de elaboración de un nuevo “corpus” doctrinal -El Comunitarismo Nacional-europeo- por Jean Thiriart y sus colaboradores de “JOVEN EUROPA”, el Nacionalismo-revolucionario europeo se dejó derivar a merced de las desviaciones derechistas hundiéndose en el anarquismo místico o en el activismo irracional».

Por cierto, un paréntesis. Clara está la filiación jonsista del tercerismo español. Los NR han adoptado a Ramiro Ledesma, que a menudo hablaba de las juventudes nacional-revolucionarias, como santo patrón ideológico y a las JONS como ejemplo de lucha. Los NB lo toman como inspirador doctrinal, sobre todo gracias a la labor desarrollada por Cuadrado Costa. Pero los del tercerismo cultural, en cambio, no han aprovechado tanto ese bagaje doctrinal, algo que creo un error, pues si de algo debería sentirse orgulloso todo tercerista es de tener a Ramiro Ledesma como antecesor, siendo este, como fue, uno de los cerebros más privilegiados del pasado siglo. Filósofo de primera fila, a pesar del maldito olvido al que se le somete, no sólo puede enseñarnos con sus JONS, sino con todo el trabajo intelectual previo, de formación, que hizo en órganos como Revista de Occidente o La Gaceta Literaria.

Tan eficaz ha sido el cordón sanitario practicado en torno a los disidentes, que nosotros mismos nos olvidamos de Ortega, Marañón, Azorín, Benavente, Baroja, D´Ors, Giménez Caballero,…de toda esa corte española de la aristocracia del pensamiento.

II

La simbología es la imagen por la que se reconoce al grupo, a la organización, y por ende a las ideas que representan. Normalmente, es la imagen lo que hace a un grupo aceptable o no. La Tercera Posición, por lo general –exceptuando el falangismo tercerista, por razones obvias, y a los demás NR, que continúan más o menos usando la céltica; y ambos con excepciones-, huye del reciclaje de símbolos. Sobre todo porque, en sí, es anti historicista.

Sucede, además, algo común en todos los movimientos revolucionarios. Al principio, su parafernalia, la que ellos han elaborado como estandarte reconocible de sus ideas cosmovisionales, solo la usan ellos. Al cabo de poco, quizá unos años, la derecha fascistizada –nunca la izquierda- se apropia y la usa como reclamo, sabiendo el prestigio revolucionario que tiene; y, por otra parte, la recoge todo grupo violento carente de otro leit motiv que el desfogue sistemático de su rabia contra rojos, maricones y mobiliario urbano.

¿Por qué? ¿Qué se hace mal? ¿Cómo es que llega el momento en que coinciden en estética, que no en ética, movimientos revolucionarios con bandas criminales y botarates de la política? En la época creativa de los movimientos, en sus balbuceos iniciales, que conllevan afirmaciones rotundas para distinguirse bien de los demás, nada de esto ocurre. Se identifica plenamente la Idea con el Símbolo, la Palabra con el Concepto, la cáscara con el fruto. Es después, al  frenar la actividad, quizá porque la energía con que se empezó flaquea –por la tradicional urgencia innecesaria e infructuosa de resultados políticos-, o al llevar ese mismo movimiento a otros lugares, cuando se malinterpreta, tergiversa y manipula todo. Hoy, lejos cualquier grupo de esa primera etapa, la creativa, prácticamente nos rodea la mala interpretación de lo que en el pasado se hizo.

Es la Era del Idiota. Del identitario etnocéntrico, del racista exterminador, del pagano materialista, de la esvástica alcohólica, del fascismo capitalista, del nazi hollywoodiense, del occidentalismo fascistoide, de la céltica al servicio del dólar, del idealismo por reacción,… «Vivimos en un mundo fatigado. Los dioses se han marchado, los héroes han muerto, los filósofos enmudecen, los poetas abandonan su labor», se queja el Manifiesto del Proyecto Cultural Aurora.

Pero esa lucha, la de recuperar el verdadero sentido de algunas símbolos -¡y no son solo símbolos, con todo lo que tienen o tuvieron detrás!-, casi ha quedado atrás. Toca retirada, y a otras lides. A otros usos y costumbres. La mitomanía tampoco va con nosotros.

Es necesario que la nueva ética vaya asociada a una nueva estética, para lo cual debe concebirse «ante todo al Movimiento Euro Revolucionario como entidad promotora de un nuevo sistema de valores, sede de su elaboración y principal foco de su irradiación», tal y como afirmaba Sin Tregua. Nulla ethica sine aesthetica.

También se ha apostado por el negro. Lo cierto es que es una estética muy usada por el tercerismo NR, consecuencia, entre otras cosas, de la Rata Negra, mascota del GUD francés e icono NR por excelencia. Como dice el artículo Du symbolisme politique de la couleur noire, de Karlheinz Weissmann (uso la traducción del foro de la Red Tercera Vía), el color negro no es exclusivamente anarquista, porque «durante las dos grandes guerras mundiales, existieron movimientos nacionalistas que eligieron este color simbólico porque portaba, a sus ojos, una dinámica revolucionaria. Fue el caso, sobre todo, de los fascistas italianos que desfilaban en camisa negra y llevaban banderas y estandartes negros».

Términos usados para evitar el concepto «socialismo»

En cuanto a los conceptos, a las palabras que nos definan, ¿qué toca, entonces? ¿Cómo remediar la falsificación conceptual, pero también histórica, en cuanto de histórico tienen los conceptos usados, a la que se somete la parafernalia, digamos, tercerista en general? Es el momento en el que, desorientados, decimos: los mequetrefes de la política camuflada, los de la política de las palabras sin hechos que las respalden, no le han echado mano aún, probablemente por miedo, al palabro Socialismo. Pues ¡fachas –con perdón-, a él! Pero, ¿cuántas veces se hecho y deshecho este camino? Al Socialismo se le ha llamado, con tal de evitar las suspicacias que levanta, Comunitarismo, Solidarismo, Justicialismo, Patriotismo Social,…

El comunitarismo, en primer lugar, debe aclarar de quién es, porque mientras unos se basan en «todos los clásicos del Comunitarismo (del que es importante referencia John Rawls)», otros rechazan «los presupuestos de la filosofía y las teorías éticas de pensadores liberales, como Rawls o Dworkin». Thiriart, padre del Nacional-Comunitarismo, nos ilustra:

«El comunitarismo es un comunismo desembarazado de los dogmas marxistas. El Estado unitario-comunitario impone su primacía frente a los individuos o los grupos. Nada se hace fuera del Estado, nada se hace contra el Estado, ni se hace sin el Estado. Eso es el Estado-Nación».

Como se ve, «comunitarismo» responde a una doctrina euroliberal y al nacional-bolchevismo. Hoy este término es reclamado, como socialismo, por Pierre Vial desde Tierra y Pueblo.

El solidarismo es otra etiqueta usada por muchos terceristas; en España lo han hecho a través del Movimiento Autónomo Solidarista, la Coordinadora Alternativa Solidarista, Tercera Vía Solidarista, el Frente Sindicalista de la Juventud… todos ellos perfectamente reseñados en Fascismo Rojo, del Colectivo Kart-Otto Paetel.

Según el Glosario Nacional-Bolchevique, de la Liga Nacional-Bolchevique Venezolana, el solidarismo es una «etiqueta que los nacional-revolucionarios de izquierda usaron en algunos países, en España por ejemplo entre 1986 y 1992, para diferenciarse de los nacional-revolucionarios derechistas».

Volvemos a lo antes dicho: lo NR es susceptible de derechización, lo que provoca que otro sector del tercerismo derive a la izquierda para reivindicar la independencia primaria de la Tercera Posición.

Fuera de lo que de fascismo rojo puedan tener estos grupos, lo cierto es que el solidarismo es, oficiosamente, una corriente francesa del liberalismo social, es decir, pura socialdemocracia nacida a la sombra del Gobierno francés a principios del siglo XX con León Bourgeois a la cabeza.

El justicialismo es una doctrina creada por Juan Domingo Perón, fundador del Partido Justicialista. En 1950 el general redactó el documento Las Veinte Verdades del Justicialismo Peronista, de donde saco tres puntos:

«Como doctrina política, el Justicialismo realiza el equilibrio del derecho del individuo con la comunidad.

Como doctrina económica, el Justicialismo realiza la economía social, poniendo el capital al servicio de la economía y ésta al servicio del bienestar social.

Como doctrina social, el Justicialismo realiza la Justicia Social, que da a cada persona su derecho en función social­».

Los beneficios de referirse a algo llamándolo de otra forma son dudosos, además de que siempre aparece el problema de estar refiriéndote a algo con el mismo término que otros designan, con más éxito y difusión, otra cosa.

«Tercera Vía», por ejemplo, está siendo ahora empleado por UPyD, pues son una tercera vía constitucionalista. Blair, en Inglaterra, se refiere a su forma de gobierno como una tercera vía. Zapatero salió jefe de su partido gracias a la tercera o Nueva Vía.

Parece, por tanto, que el término más apropiado para usar sea Tercera Posición, distinción que los de las terceras vías liberales o socialdemócratas tienen también clara, tal vez porque el justicialismo es también la Tercera Posición Justicialista.

En el momento de elegir un término que represente la esencia del pensamiento que se quiere exponer debe tenerse en cuenta que no puede provocar confusión (y es evidente que los anteriormente citados la causan, incluido el socialismo), porque se establece una barrera en la comunicación que impide trasmitir la idea y provoca que la mayor parte de las energías se gasten en diferenciarse claramente de los demás usuarios del término.

III

Una de las tareas pendientes de la Tercera Posición es la coordinación de la actividad de todas las fuerzas europeas. Intentos los ha habido, desde el congreso de 1934 en Montreux hasta el Frente Europeo de Liberación, que fue la refundación del que en 1949 naciera a raíz de la Proclamación de Londres, de Francis Parker Yockey. Aunque ninguno, por supuesto, consiguió nada en cuanto a resultados tangibles, reales, concretos o de cierta efectividad política, sí que sirvió para fortalecer la conciencia dentro de la disidencia tercerposicionista de que somos europeos y de que es posible una acción a ese nivel. Fueron esas las ocasiones en que se redescubrió, una vez más porque siempre se nos olvida, que hay gente allende las fronteras nacionales con nuestros mismos intereses y con quienes podemos (debemos) por lo menos armonizar la lucha.

Dejo aquí extractos de un artículo de Jean-François Dumoulin -traducido por «Sociedalista» en el foro de la Red Tercera Vía– sobre los intentos de unificar la acción europea:

«16-17 diciembre 1934: Montreux (Suiza). Congreso de los fascismos europeos; 13 países representados. […] En su moción final, el Congreso reconoce casi por unanimidad a Mussolini como el “fundador y jefe del fascismo internacional”.

»1949: Londres. Creación del Frente Europeo de Liberación […] Los tres fundadores son F.P. Yockey, Guy Chesham y John Anthony Gannon. El Frente seguirá activo hasta 1954 […].

»Marzo 1950: Roma. Primer congreso de la oposición nacional europea (9 países representados, con Per Engdahl por Suecia y K.H. Priester por Alemania).

»Mayo 1951: Malmö. Congreso de fundación del Movimiento Social Europeo (entre 60 y 100 delegados de 8 países europeos, entre los cuales están Oswald Mosley, Maurice Bardèche, Per Engdahl, K.H. Priester, G.A. Amaudruz, Jean-Robert Debbault y Ernesto Massi).

»Septiembre 1951: Zurich. La línea «dura» se separa del MSE y funda el NOE (Nuevo Orden Europeo); los líderes son, entre otros, el francés René Binet y el suizo G.A. Amaudruz.

»1959: Upsala (Suecia). Coloquio internacional que finaliza con la publicación de una declaración común: el “Mensaje de Upsala”.

»Marzo 1962: Venecia. Convención a iniciativa de Oswald Mosley. […] A la finalización de la convención se adopta una Declaración Europea y se decide la creación de un Partido Nacional Europeo.

»1963: fundación del movimiento “Joven Europa” a iniciativa del belga Jean Thiriart, que adopta una orientación muy anti-capitalista y anti-americana […] Thiriart abandonará sus esfuerzos en 1969 y el movimiento desaparecerá poco después.

»5-6 abril 1969: Barcelona. X Congreso del NOE con 60 delegados de 7 países europeos, entre ellos el suizo G.A. Amaudruz y el general croata V. Ljuburich.

»13 mayo 1970: París. Reunión del movimiento francés “Ordre Nouveau” en el Salón de la “Mutualité”, con numerosas figuras de la oposición nacional francesa, y con la presencia de delegados europeos, particularmente los italianos del MSI y el líder sueco Per Engdhal.

»28 marzo 1976: Lyón. Encuentro internacional bajo los auspicios del NOE.

»8-10 abril 1977: Barcelona. XIII Congreso del NOE.

»1979: «la Euroderecha» : lista común para las elecciones europeas (con Blas Piñar por España, J.L. Tixier-Vignancourt por Francia y Giorgio Almirante por Italia).

»1991: fundación del Frente Europeo de Liberación (ELF, que retoma las ideas del americano F.P. Yockey) por Marco Battara (Italia), Christian Bouchet (Francia) y Juan-Antonio Llopart (España) […]».

¿Unidad europea? ¡Acción europea! Algo necesario, fundamental, si se quiere llegar a algo. No son pocas las familias políticas que se dan cuenta de esto. Tenemos hoy una estructura que facilita, por otra parte, el trabajo, aunque realmente lo hace si lo que se quiere es cambiar las cosas desde dentro, lejos pues del destroy the system. Se trata de la Unión Europea, que aspira a sustituir a los Estados que alberga en su seno.

Una gran parte de los terceristas europeos han hecho campaña a favor de esta organización internacional, apoyando hasta el último intento de Constitución Europea –el MSR llamó «a votar afirmativamente por el Proyecto de Constitución para Europa­», pues «dotar a la Unión Europea de una Constitución representa un salto cualitativo imprescindible para avanzar en la construcción nacional europea, más allá de los aspectos negativos que pueda contener el texto presentado»-; algo que coincide con el apoyo de ciertos grupos en su momento al «Sí» en el referéndum que sobre la actual Constitución Española se hizo en 1978 (recordemos que así lo hizo FE-JONS Auténtica -grupo que cantaba el Cara al Sol puño izquierdo en alto y que acudió a La Habana a un encuentro de juventudes comunistas- bajo el tándem Llamazares-Hedilla, lo que provocó un asalto a RNE por el «sector Perales»).

Quizá podamos enlazar esto, el apoyo a la unidad europea «a cualquier precio», con la intención cedadiana de unir primero la zona continental, como «paso previo ineludible para una posterior integración de todos los pueblos blancos», que en una interpretación un tanto libre sería equiparable a la Europa NR. Pero antes de entrar en ella, en la UE, o de usarla como referente, lo que más urge, lógicamente, es aclarar qué es Europa.

Creo que Europa sólo será cuando haya voluntad de vivir juntos. ¿La hay hoy? Poco a poco vemos cómo crece la conciencia europea, por encima de las intentonas economicistas de suplantar una realidad supramaterial por un mercado único. La patria europea que hoy proponemos es una exigencia geopolítica a la que debemos entregarnos, así que de poco sirve que haya, entre otras, una Comunidad Económica Europea.

Y Europa es posible, como España, a pesar de las naciones, cuyos chovinismos no hacen más que destrozarla por dentro e incapacitarla para la misión histórica que tiene. No es mesianismo. El término Historia se usa muy a la ligera en esto de la política. Hablo de que Europa, hoy, tiene el deber de ejercer como eje antagónico de las potencias imperialistas, léase USA y adláteres. Es decir, que no es precisamente una realidad concreta visible en lo geopolítico, sino que será la voluntad lo que hará que esta se convierta en cosa geopolítica. No es lo mismo usar la geografía que basarse en ella.

Por otra parte, Europa tiene poco que ver con el occidentalismo, esa doctrina creada al calor del capitalismo y que es el fundamento último de las actuales construcciones humanas bajo la advocación del Viejo Continente. Decía el Programa político que Alternativa Europea preparó en 1997 que «Europa no representa, empero, un mero territorio o un marco geográfico más o menos definido: la patria europea delimita en primer lugar el conjunto de pueblos, culturas, valores e instituciones que nos definen en cuanto realidad diferenciada del resto del mundo. Nos sentimos orgullosos de esta nuestra pertenencia a Europa y lucharemos, frente a la idea de mercado mundial y todo lo que éste comporta, por forjar un espacio económico-político autónomo en cuyo seno vuelva a florecer la esencia de los valores europeos. En este sentido, oponemos Europa a los Estados Unidos, y lo señalamos sin ambages enemigo de la causa de los pueblos y principal baluarte del imperialismo apátrida, del mercado mundial, y del pensamiento único, ingredientes de lo que se denomina “Nuevo Orden Mundial”».

En la misma línea, pero de más calado filosófico, en el quinto de los Puntos Ideológicos Iniciados de la Asociación Sin Tregua se afirmaba que «Europa no es una “etnia”, ni una realidad geopolítica. Es esencialmente una experiencia histórica deicida, que persigue una austera auto vinculación de los hombres en lo verificable. Irrumpe como tal, con rasgos singulares, a partir de la desvalorización de las formas de representación religiosa, en este caso de los mitos paganos, para dar paso al Logos, a un imperativo de racionalidad. Cierto es que ese afán se ha extraviado durante mucho tiempo por los caminos de la metafísica filosófica. Pero desde el principio tomaba también cuerpo en la ciencia. Los euro revolucionarios combatiremos por su emancipación completa respecto de toda impregnación filosófica y por su entronización como guía esencial del advenimiento de la verdad. Ninguna acusación de “eurocentrismo” nos hará perder de vista que es únicamente en Europa, 100.000 años después del surgimiento del Homo Sapiens, donde ha nacido esta pequeña idea: la realidad es objetiva y la verdad del conocimiento no puede tener otra fuente que la confrontación sistemática de la lógica y la experimentación. Culturas pretendidamente más altas han pagado muy caro el haber ignorado esa idea simple y clara al permanecer sometidas al “conocimiento sagrado” de las castas sacerdotales. Aún entre nosotros han sido necesarios 2.500 años, desde Tales de Mileto y Arquímedes a Galileo y Bacon, para que empezase a liberarse de su encierro en las artes mecánicas y del dominio de la metafísica».

Entra entonces la cuestión de los límites de Europa. Se descartan el racismo, pues la Tercera Posición nunca ha gustado, además, de usar el racismo como arma política; y el Cristianismo, pues Europa va más allá de lo que un accidente religioso o cultural pueda determinar como pilares determinantes en la definición de este ente cultural.

Sobra decir que el racismo fue el camino que tomó CEDADE para llegar a Europa. Según la proclama La Europa de las etnias, escrita en los años 70, «la comunidad de los pueblos blancos se llama Europa. Así, pues, al llamarnos europeos estamos designando la futura organización de los Pueblos blancos». Basan Europa en el pueblo blanco, con lo que delimitan perfectamente quiénes pertenecen a ella y quiénes no. Pero van más allá –o fueron más allá- al afirmar que «ideológicamente hablando toda idea geográfica de Europa, como comunidad de algunos pueblos blancos asentados en una zona geográfica concreta, o toda idea restrictiva respecto a algún pueblo blanco, es contraria al racismo, y por tanto a la misma Europa». Es decir, se ataca la concepción meramente geopolítica, pero después se afirmará, como antes he citado, que lógicamente «la unidad europea geográfica actual en un paso previo ineludible para una posterior integración de todos los pueblos blancos».

Hay también que superar otro obstáculo, los micro-nacionalismos que alberga la gran patria europea. «Pero superarlos ¿por qué? Precisamente porque la existencia de las naciones está amenazada por la realidad del imperialismo ruso-americano: es preciso encontrar “una nueva dimensión del nacionalismo”, es decir, un ente, humano, cultural, territorial e histórico capaz de edificar una “tercera vía” entre los monstruos imperialistas. Europa es la nueva dimensión nacional. Y el nacionalismo europeo, la llama que debe inflamar la lucha de liberación». Ernesto Milá situaba así la doctrina de Jean Thiriart.

Europa es aún una pregunta sin contestar, un enigma sin resolver dentro de la Tercera Vía. Está claro que debe existir, y gracias precisamente al trabajo de Thiriart, entre otros, se le ha dado una gran importancia, restándosela –aunque no del todo- a las naciones que puedan existir dentro de ella. Pero esa es otra cuestión, porque la existencia de una patria europea no implica, per se, la inexistencia de otras, como España. En realidad, cualquier territorio puede ser patria: se trata de voluntad y afirmación.

En el momento en que se confunde nación con necesidad de Estado que la estructure administrativamente de forma independiente es cuando surgen los problemas. Las naciones no son a priori ni buenas ni malas, sino todo lo contrario. No llevan en sí ningún carácter que nos permita hacer un juicio valorativo. Es su uso lo que determina lo positivo del asunto. Existen, cosa innegable. Que haya quien se imponga como objetivo prioritario ponerle la máscara del Estado es lo realmente negativo.

Cita Christian Bouchet al padre del comunitarismo en su Jean Thiriart, teórico de la revolución europea, hablando precisamente de esto: «el Nacionalismo que desarrolló era un acto de voluntad, el deseo común de una minoría de hacer algo. Estaba basado en consideraciones geopolíticas. Solo tienen, para él, “futuro las naciones de amplitud continental (EEUU, China, URSS), si quieres hacer grande e importante a Europa, tienes que unificarla a través de la constitución de un Partido revolucionario de tipo leninista que inicie inmediatamente la lucha por la liberación contra el ocupante Americano y sus colaboradores, los partidos del Sistema y las tropas coloniales de la OTAN. La Europa del Oeste, liberada y unificada podrá entonces entrar en negociaciones con la ex–URSS para construir el Imperio Europeo de Galway a Vladivostok capaz de resistir a la Nueva Cartago americana y el Bloque Chino y sus millones de habitantes”».

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