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El fascismo es analfabeto

«Con gran frecuencia quienes nos movemos en zonas políticas de alguna novedad advertimos que se interpretan nuestras palabras y nuestros conceptos de un modo absolutamente falso y arbitrario». El primer número de La Patria Libre, en 1935, servía de atrio a Ramiro Ledesma para tan sentido lamento. Sabía perfectamente de lo qué hablaba. Una y otra vez, con machacante insistencia, el marxismo y la masonería (porque él lo tenía claro: marxistas y masones, tales eran sus enemigos) confundían los términos de su exposición política. Una militancia que cumplía entonces cuatro años de firmísima disposición combativa. Lo subrayo para que quede clara la extraña relación que guarda este mandato de estilo con el conocido trilema del estilo falangista, compuesto además por el «imperativo poético» y la «obediencia al jefe».

Ramiro estuvo siempre en el borde del precipicio en cuanto a filias y fobias. Pero es que ¿nunca se entenderán sus vivas al bolchevismo ruso? Imaginen: si en los primeros boqueos del fascismo ya se incomprendía su mensaje y se malinterpretaba el corpus doctrinal nacionalsindicalista, ¿cómo no será igual setenta años después, con cuarenta de tergiversación y treinta de olvido?

Dijo Deleuze, en un pasaje formidable de Capitalismo y esquizofrenia (creo recordar que en su primera parte, El Anti-Edipo), que el capitalismo es esencialmente analfabeto. Cito de memoria, pero el espíritu de sus palabras está claro: el capitalismo rehúye la teoría, las palabras, la explicación. Ama la burocracia, pero ¿es eso literatura?

Yo acuso al tercerismo (¿existe?) de ser, también, profundamente analfabeto. No hay un solo libro decente publicado en los últimos decenios en el que se explique, con meridiana claridad, qué puñetas es eso del patriotismo socialista, o lo que sea.

Por eso se malinterpretan las palabras. A Ramiro porque hasta el mismo 1935 no se atrevió a lanzar un libro, pero entonces la opinión general era irrefutable. Las revistas no las lee nadie, por mucho que ahora vayamos de coleccionistas y archiveros oficiales de Ledesma y su troupe. A los demás, de hoy y de hace dos décadas, por lo mismo. Mucha revista y mucho tecnicismo, pero aquí nadie se ha puesto a novelar un mundo NR o a dar un argumentario para la lucha del militante contra el mundo moderno.

Como soy europeísta, en alguna de las acepciones perdidas del término, probablemente de las más enrevesadas e inexplicables, vamos a hablar de Europa. Alguno de los gurús NR. Sé que el estilo político nada tiene que ver con la prosa o la poesía, pero más nos valdría un poco de acervo cultural antes de embestir a la morralla capitalista. Si no estaríamos al mismo nivel, enfangados.

No voy a desacreditar porque sería demasiado largo. Vamos a los buenos. De fuera de la piel de toro y posterior a la caída del Reich, Pound. Y salvo su nombre en un proyecto social envidiable, creo que nadie se ha detenido a contemplarlo. Sí, «como se adora a Dios ante su altar». Pues de eso, poco. De Heidegger no hablamos. ¿Niekisch? Bueno, habría que ver en qué términos. Yockey, casi sin duda. Y ya está. O los fusilaron, o no escribían. La mitificación de gente como Thiriart y toda la francesada está ya acabada. Para pegar palos y crear eslóganes, muy bien, pero poco más. Los franceses sólo dan lemas y aforismos.

En España todo es mucho más fácil. Cuadrado Costa tenía una pluma excepcional y una mente privilegiada. Quién sabe si el NB se hubiese implantado mejor aquí, y no habría estado pseudo abanderado por la turbamulta. O por la patrulla del burocratismo tecnicista. Espléndidos Fernando Márquez y Jordi Mota, perdidos por la idiotez del resto. Y poquísimo más. Ojalá el socialismo patriota hubiese tenido un Blas Piñar. Ojalá.

Imagen: Hubert Lanzinger, Autoritratto davanti al cavalletto del 1944

Categorías:Opinión
  1. marzo 23, 2010 a las 1:38 am

    Una paradoja de la decadencia:

    Yo era un tercerista ortodoxo, casi fanático. Para poder seguir siéndolo no leía a Borges, que estaba mal visto ideológicamente por el tercerismo que me rodeaba.
    Yo era entonces analfabeto. Ahora creo que Borges es el mejor escritor que se puede leer.
    Si todavía hubiera terceristas posiblemente me negarían su amistad.
    Pero como ya no hay, puedo leerlo y seguir diciéndome tercerista sin que nadie me impugne.

  2. marzo 23, 2010 a las 1:42 am

    Un pueblo sin cultura no produce política.
    Un hombre con una visión del mundo profunda no necesita que le expliquen la polírica.
    Un tipo de hombre que comprende el arte, comprende también la política, que es el arte de lo posible, según Aristóteles, o el arte de hacer posible lo necesario, según Maurras.

  3. marzo 23, 2010 a las 1:47 am

    Sólo lo auténtico produce cultura.
    La historia la primera vez es tragedia la segunda es comedia. Estamos en el tiempo de la comedia.
    Los mejores ya cayeron, con ellos cayó la autenticidad de su tiempo.
    Por eso vivimos colgados de lo auténtico hasta degradarlo, porque somos incapaces de producir algo auténtico.

  4. marzo 23, 2010 a las 1:48 am

    Y lo más importante: te felicito por el texto: es muy bueno.

  5. Harto
    abril 28, 2010 a las 10:00 pm

    La mayoría de los terceristas han acabado en la casa, en la derecha intereconómica o en la ultraderecha anélica. La mayoría, no todos.

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