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Los usureros, enfrente

«Quiero ver a todos los usureros entre los enemigos de Italia».

Así empieza una carta de Ezra Pound a Mussolini[1]. Que todos los usureros se queden enfrente, que no haya uno solo entre los nuestros. Un deseo admirable en aquel armo XIV. Quedaban aún nueve años de historia. Y qué historia.

Muchas veces cometemos el error de centrarnos en la identidad cultural como eje de toda la lucha política. ¡Y no es así! O, mejor dicho, lo es pero con ciertos presupuestos. Es cierto que la defensa de la identidad común, que podríamos cristalizar en la idea de patria, es indispensable para los que pensamos que el arraigo con la tierra nos hace personas. Pero también lo es que para que la persona, el individuo (hablamos de él, ¿no?), alcance su plena libertad necesita romper las cadenas de la esclavitud capitalista, que tan mal hace a la formación de personas íntegras.

Pero hay que preguntarse cuál es la prioridad, si la identidad o la libertad. ¿Qué construye qué? Hay quienes se decantan por una y olvidan el enemigo capitalista: amigos de banqueros y chupasangres. Derechas sociales y fascismo post-liberal, etcétera. Los de la banderita rojigualda.

Luego se escandalizan si alguien no la lleva (la bandera). Como si su sombra fuese una aureola de santidad que limpia y purifica a quien la lleva. Hemos tenido muchos hijos de puta en España con la rojigualda a cuestas. Desde que la inventaron hasta ayer por la mañana. A los de hoy mejor ni mentarlos.

Sin embargo, nadie se atreve a lanzar una piedra contra el banquero. Como se ducha todos los días, no fuma porros -que habría que verlo- y todos sus amigos son blancos, llevan una cadena de medio kilo al cuello con su virgen de la Macarena y no soportan a ZP, no estorban. Luego negocian con musulmanes forrados en petrodólar, aparecen por la iglesia de tarde en tarde y no estarían dispuestos a enfrentarse de verdad al régimen. Pero son fachas.

No os dais cuenta: a su lado, el más perroflauta de los okupas es más valioso para la comunidad que todo el dinero del mundo.

El terror rojo terminó hace algunos años y la amenaza comunista no es más que un cuento para niños.

Más de un «camarada» me ha dicho que si existe un tema con el que colocar a cada uno en su sitio, sin duda ninguna de la corrección de la criba, ese es el genocidio de los palestinos. Yo digo aún más: hay que colocar el otro eje de las coordenadas. Habría que ver quién se opone frontalmente a la política de ALBA y descubrir en ellos a la gentuza que intentó dar un golpe de Estado en Venezuela por intereses estrictamente económicos. Habría que descubrir en ellos a quienes detrás de su nacionalismo español esconden unas peligrosas ansias mundialistas.

Tener enfrente a todos los usureros del mundo es defender la autonomía continental, la independencia de cada cultura. Es negarse a colaborar con las directrices globalizadoras del mercado, que quiere colocar cabezas de puente en cada rincón del planeta para llevar sus latas de cocacola y su vida a crédito. Es apoyar a quienes nacionalizan la banca y los sectores industriales clave para asegurar la independencia en libertad. Ya vendrá después la hora del nominalismo y del cromatismo cutáneo o de bandera. Pero mientras siga en pie un sistema que es incapaz de estabilizar la economía y dejar libres a los pueblos, no queda sino luchar.

Imagen: Sepp Hilz, Spätherbst


[1] Carta del 22 de diciembre de 1936. Es la séptima carta que le escribió.

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