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Los mitos: II. La Nación

La Nación comenzó a ser usado como ingrediente político en el siglo XIX. Hasta aquel momento, nadie se preocupó por el matiz cromático del que tenían delante o por la lengua del de al lado. Los fascismo contaminados (por la derecha, por supuesto), en su afán por ganarse a los oligarcas, se dejaron llevar por el entusiasmo de la época, en la que estaba en pleno auge lo de llamarse «nacionalista». Así, tenemos –y hablo sólo de Iberia– el vasquismo, el catalanismo, el absurdísimo andalucismo, el gallegismo y todos aquellos ismos, cada cual más orgulloso de su soberanía reivindicada.

Se olvidó, por tanto, la verdadera razón que para unirse tenían los pueblos en la Antigüedad (y sálvenme los dioses de ser reaccionario): la utilidad. Utilizar la crítica racional en la cuestión político puede quedar lejos para quienes son más fideístas que el Führer y más idealistas que Platón, lo entiendo, pero las cosas nos irían mejor si dejáramos de lado tanta papanata sanguínea.

Defender la identidad está bien y es lo que hay que hacer, pero sin dejar que eso condicione la utilidad de las organizaciones políticas. España no fue comprendida en su momento como aglutinante de blancos ni celtíberos con pedigrí, sino como frente ideológico cristiano ante la ideología musulmana. Europa, hoy, tampoco debe ser la representación última de un cúmulo de blancos arios, sino un frente ideológico de pueblos ante el Capitalismo.

Lo demás, puestos a ser fieles a identidades culturales y raciales, sólo conduce a una cosa: la balcanización.

Categorías:Teoría
  1. diciembre 9, 2009 a las 2:49 am

    El texto es esclarecedor, y da justo en la cuestión que la mayoría de quienes asumen ideologías sin reflexión ni ejercicio del pensamiento, rehuyen. Me refiero a algo que es fundamental: elegir como factor aglutinante alrededor del Estado propuesto la organización solidaria y socialista de los bienes que se producen en su tierra. Es decir, la justicia social, si no se le quiere decir más llanamente socialismo. Pararse frente al capitalismo implica asumir principios como la justicia, la verdad, y el honor. La identidad suele ser una excusa de pequeño-burgueses reaccionarios para no llamarse a si mismos rascistas y no tener el valor de afrontar a la basura capitalista antes que a los inmigrantes pobres que este sistema usa de mano de obra barata. Por eso si vamos a las causas, tenemos que asumir como identidad, no el factor biológico de determinado pueblo, sino aquellos principios que mencione: justicia, solidaridad, sacrificio por la verdad, honor, etc. Es en torno a la lucha por establecer un Estado de Justicia que se configurará una identidad aglutinante sin despreciar las identidades particulares de pueblos e individuos, todo lo demás será balcanización, racismo enmascarado y chovinismo estúpido. Quienes comprendan esto sabrán que ese Estado de Justicia, hoy garantiza que tienda a integrarse continentalmente, para poder afrontar los desafíos de un poder global que busca sojuzgar a todos los Estados. Más aún por esa razón hay que desterrar por completo los nacionalismos chatos y la balcanización de nuestros continentes.

    Un saludo desde Argentina y sigue así con tu blog.

  2. noviembre 1, 2014 a las 4:28 pm

    Imposible para mí no estar de acuerdo en un todo con usted.

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