Una cita sobre el antifascismo
Definido por Thierry Wolton como «el mayor común denominador de una izquierda nostálgica del marxismo-leninismo»,el antifascismo contemporáneo constituye, ante todo, una expresión de la pereza intelectual, pues siempre resulta más fácil identificar los males del pasado que darse cuenta de los del presente. En un mundo que ha aprendido a desconfiar de la idea de un bien absoluto, pero que sigue sintiendo más necesidad que nunca de un mal absoluto, el antifascismo representa, por otra parte, una cómoda forma de profesar una moral mínima. «La actual oposición al nacionalsocialismo, oposición tardía y sin ningún peligro, constituye un sustitutivo de la religión», constata Ernst Nolte.El antifascismo posee, por último, un evidente aspecto utilitario. «La posteridad — decía también François Furet — se asombrará sin duda de que las democracias hayan inventado tantos fascismos y amenazas fascistas después de que los fascismos hubieran sido vencidos .
[Alain de Benoist, Comunismo y nazismo, XXV]

Saludos
No sólo es una expresión de la pereza intelectual de la izquierda a la deriva, sino el recurso de los comisarios políticos del Sistema (progresistas y derechistas) para descalificar a quienes, desde el socialismo incluso marxista, intentan salir de los callejones sin salida actuales.
Es decir, ahora es sobre todo un recurso estalinista utilizado por y para beneficio de la derecha liberal.
Saludos
Dejo un comentario de Javier de León a propósito de la retórica antifascista del presidente Chávez:
«…además, se mencionaba un tema que reaparece aquí: la desacertada (y para algunos no decisiva) utilización de la retórica homologada del antifascismo por parte del presidente venezolano y de la práctica totalidad de la izquierda que se encuentra en diversas latitudes del planeta y se define más o menos en términos anticapitalistas.
Puede parecer una cuestión irrelevante. Sin embargo, no lo es tanto, entre otras cosas porque uno puede acabar por ser prisionero de una retórica fabricada por otros y que contribuye gradual e inconscientemente a la gestación del necesario consenso antifascista planetarizado donde son los recursos mastodónticos del AUTÉNTICO ANTIFASCISMO (el hollywoodiense) los que deciden quién debe ser odiado, en base al discurso por todos compartido de que el fascismo es el mal absoluto.
En España, por ejemplo, ya se ha extendido de modo muy significativo la imagen de Chávez como un malvado de quien se pueden hacer chistes fáciles, dársele el premio limón por antipático y tachársele de gorila autoritario, y, todo ello, gracias a la consabida retórica del antifascismo progresista, que más que ideológico es simple y llanamente tópico y masificado (el otro día en la Sexta oí ese tipo de bromas de boca de un bufón que unas semanas antes había hecho chascarrillos e insultado a un falangista por expresarse de un modo bastante correcto pero que por ser falangista se suponía que era un ejemplo monstruoso de lo que no se puede decir ni se debe pensar… sólo hay legitimidad expresiva -suponemos- en la jerga de los Gallardones o las Raholas).
Por otro lado, quienes, en España y en otros lugares del Occidente homologado -desde una perspectiva de izquierda más o menos contestataria- apoyan a Chávez y denuncian las maniobras que se realizan en su contra y la falsedad de las consignas demoliberales, suelen acudir a lemas trillados como el del “fascismo neoliberal”.
Así, lejos de describir realidades y movilizar voluntades, retroalimentan cierto sectarismo y construyen, también ellos, una imagen simplificada y vulgar de los hechos que ACABARÁN PAGANDO al precio de ser descritos como “peligrosos totalitarios”… ergo ”fascistas”.
Por suerte no todos son tan necios, aunque pocas hay voces geniales cuya lucidez no debiera desperdiciarse. Costanzo Preve, filósofo de formación marxista a quien ya he citado más veces, subrayaba lo siguiente en una densa entrevista concedida en octubre de 2006:
“Las nuevas guerras imperiales de Bush, legitimadas ideológicamente por los llamados Neocons (…) no son llevadas a acabo con el nombre de guerras contra el islamocomunismo, sino contra el islamofascismo. Quien no entiende el porqué de este enigma ideológico, y no entiende por tanto que hoy (repito, hoy, no ayer en 1936, 1941 o 1945) el antifascismo es el mínimo común denominador de Bush y del Leoncavallo, de la CIA y de los Centros Sociales, no entiende nada del panorama ideológico de legitimación tal y como funciona hoy en el circo mediático unificado y en el clero universitario mundial homogeneizado”
(El Leoncavallo es lo que llaman un centro social que ha tenido un desarrollo bastante notable en Milán). En todo caso, la admisión global -de la Casa Blanca a la casa okupa- del antifascismo como discurso “moral” (y, sobre todo, moralista) puede que sea un hecho observable pero no un fenómeno inevitable con el que debiéramos conformarnos… especialmente porque así la historia es siempre la historia de los maestros del discurso mundialista y la consecuencia es que los pueblos acaban por pensar a rebufo de sus categorías… es decir, acaban no pensando y cediendo a su presión y a su chantaje.
Lo problemático es que las palabras “no valen poco” y que a veces cuando creemos usar ciertas palabras, son ellas las que acaban por usarnos a nosotros. Es algo de lo que- vuelvo a recordar- también nos avisó Ceresole porque las consecuencias últimas pueden ser fatales. Evidentemente Chávez no va a deconstruir en una semana el vocabulario político que se maneja internacionalmente pero no debiera caer en trampas dialécticas que además no responden a las realidades históricas de su pueblo y que denotan la asunción de “verdades” históricas que también para ellos son perniciosas.